TEXTO 1
Saliendo de las ondas encendido,
rayaba de los montes al altura
el sol, cuando Salicio, recostado                  45
al pie de un alta haya en la verdura,
por donde un agua clara con sonido
atravesaba el fresco y verde prado,
él, con canto acordado
al rumor que sonaba,                               50
del agua que pasaba,
se quejaba tan dulce y blandamente
como si no estuviera de allí ausente
la que de su dolor culpa tenía;
y así, como presente,                              55
razonando con ella, le decía:
¡Oh más dura que mármol a mis quejas,
y al encendido fuego en que me quemo
más helada que nieve, Galatea!,
estoy muriendo, y aún la vida temo;                60
témola con razón, pues tú me dejas,
que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.
Vergüenza he que me vea
ninguno en tal estado,
de ti desamparado,                                 65
y de mí mismo yo me corro agora.
¿De un alma te desdeñas ser señora,
donde siempre moraste, no pudiendo
de ella salir un hora?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.  

Por ti el silencio de la selva umbrosa,
por ti la esquividad y apartamiento                100
del solitario monte me agradaba;
por ti la verde hierba, el fresco viento,
el blanco lirio y colorada rosa
y dulce primavera deseaba.
¡Ay, cuánto me engañaba!                           105
¡Ay, cuán diferente era
y cuán de otra manera
lo que en tu falso pecho se escondía!
Bien claro con su voz me lo decía
la siniestra corneja, repitiendo                   110
la desventura mía.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

Con mi llorar las piedras enternecen
su natural dureza y la quebrantan;
los árboles parece que se inclinan:
las aves que me escuchan, cuando cantan,           200
con diferente voz se condolecen,
y mi morir cantando me adivinan.
Las fieras, que reclinan
su cuerpo fatigado,
dejan el sosegado                                  205
sueño por escuchar mi llanto triste.
Tú sola contra mí te endureciste,
los ojos aún siquiera no volviendo
a lo que tú hiciste.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. 


Estrofa: Aquí Garcilaso usa la estancia, que consta de versos de 
once sílabas (endecasílabos) y de siete (heptasílabos), con rima 
perfecta.  El número de versos puede variar.  Para este poema 
Garcilaso ha usado 14 versos en cada estrofa, según el modelo: 
ABCBACcddEEFeF.  (Nótese que las letras minúsculas representan 
los versos de siete sílabas.)

1   2  3  4 5  6   7  8   9 10       + 1 = 11
El dulce lamentar de dos pastores,

 1 2  3  4  5 6   7   8 9 10         + 1 = 11
Salicio juntamente_y Nemoroso,

 1  2  3  4    5    6 7  8 9 10      + 1 = 11
he de contar, sus quejas imitando;

 1 2  3 4 5  6   7  8   9 10         + 1 = 11
cuyas ovejas al cantar sabroso

1  2 3   4  5 6  7    8  9 10        + 1 = 11
estaban muy atentas, los amores,

  1  2 3  4  5 6 7   8  9  10        + 1 = 11
(de pacer olvidadas) escuchando.

 1    2  3 4   5   6                 + 1 = 7
Tú, que ganaste_obrando

1   2    3    4  5    6              + 1 = 7
un nombre_en todo_el mundo

 1     2 3  4   5 6                  + 1 = 7
y_un grado sin segundo,

1 2  3   4  5 6  7  8  9  10         + 1 = 11
agora_estés atento sólo_y dado

1  2   3 4  5  6  7  8  9 10         + 1 = 11
el ínclito gobierno del estado

1  2    3 4 5   6   7    8   9  10   + 1 = 11
Albano;_agora vuelto_a la_otra parte,

 1  2  3  4    5   6                 + 1 = 7
resplandeciente,_armado,

 1  2 3  4   5     6   7     8 9  10 + 1 = 11
representando_en tierra_el fiero Marte;


Rima:  Rima perfecta, en un esquema complicado: ABCBACcddEEFeF

  El dulce lamentar de dos pastores,      A
Salicio juntamente y Nemoroso,            B
he de contar, sus quejas imitando;        C
cuyas ovejas al cantar sabroso            B
estaban muy atentas, los amores,          A
(de pacer olvidadas) escuchando.          C
Tú, que ganaste obrando                   c
un nombre en todo el mundo                d
y un grado sin segundo,                   d
agora estés atento sólo y dado            E
el ínclito gobierno del Estado            E
Albano; agora vuelto a la otra parte,     F
resplandeciente, armado,                  e
representando en tierra el fiero Marte;   F

TEXTO 2
Corrientes aguas, puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas,            240
verde prado, de fresca sombra lleno,
aves que aquí sembráis vuestras querellas,
hiedra que por los árboles caminas,
torciendo el paso por su verde seno:
yo me vi tan ajeno                                 245
del grave mal que siento,
que de puro contento
con vuestra soledad me recreaba,
donde con dulce sueño reposaba,
o con el pensamiento discurría                     250
por donde no hallaba
sino memorias llenas de alegría.

  Y en este mismo valle, donde agora
me entristezco y me canso, en el reposo
estuve ya contento y descansado.                   255
¡Oh bien caduco, vano y presuroso!
Acuérdome, durmiendo aquí alguna hora,
que despertando, a Elisa vi a mi lado.
¡Oh miserable hado!
¡Oh tela delicada,                                 260
antes de tiempo dada
a los agudos filos de la muerte!
Más convenible fuera aquesta suerte
a los cansados años de mi vida,
que es más que el hierro fuerte,                   265
pues no la ha quebrantado tu partida.

  ¿Dó están agora aquellos claros ojos
que llevaban tras sí, como colgada,
mi ánima doquier que ellos se volvían?
¿Dó está la blanca mano delicada,                  270
llena de vencimientos y despojos
que de mí mis sentidos le ofrecían?
Los cabellos que vían
con gran desprecio al oro,
como a menor tesoro,                               275
¿adónde están?  ¿Adónde el blando pecho?
¿Dó la columna que el dorado techo
con presunción graciosa sostenía?
Aquesto todo agora ya se encierra,
por desventura mía,                                280
en la fría, desierta y dura tierra.

  ¿Quién me dijera, Elisa, vida mía,
cuando en aqueste valle al fresco viento
andábamos cogiendo tiernas flores,
que había de ver con largo apartamiento            285
venir el triste y solitario día
que diese amargo fin a mis amores?
El cielo en mis dolores
cargó la mano tanto,
que a sempiterno llanto                            290
y a triste soledad me ha condenado;
y lo que siento más es verme atado
a la pesada vida y enojosa,
solo, desamparado,
ciego, sin lumbre, en cárcel tenebrosa.            295

  Después que nos dejaste, nunca pace
en hartura el ganado ya, ni acude
el campo al labrador con mano llena.
No hay bien que en mal no se convierta y mude:
la mala hierba al trigo ahoga, y nace              300
en lugar suyo la infelice avena;
la tierra, que de buena
gana nos producía
flores con que solía
quitar en sólo vellas mil enojos,                  305
produce agora en cambio estos abrojos,
ya de rigor de espinas intratable;
yo hago con mis ojos
crecer, llorando, el fruto miserable.

  Como al partir del sol la sombra crece,          310
y en cayendo su rayo se levanta
la negra escuridad que el mundo cubre,
de do viene el temor que nos espanta,
y la medrosa forma en que se ofrece
aquello que la noche nos encubre,                  315
hasta que el sol descubre
su luz pura y hermosa:
tal es la tenebrosa
noche de tu partir, en que he quedado
de sombra y de temor atormentado,                  320
hasta que muerte el tiempo determine
que a ver el deseado
sol de tu clara vista me encamine.

  Cual suele el ruiseñor con triste canto
quejarse, entre las hojas escondido,               325
del duro labrador, que cautamente
le despojó su caro y dulce nido
de los tiernos hijuelos, entre tanto
que del amado ramo estaba ausente,
y aquel dolor que siente                           330
con diferencia tanta
por la dulce garganta
despide, y a su canto el aire suena,
y la callada noche no refrena
su lamentable oficio y sus querellas,              335
trayendo de su pena
al cielo por testigo y las estrellas;

  desta manera suelto yo la rienda
a mi dolor, y así me quejo en vano
de la dureza de la muerte airada.                  340
Ella en mi corazón metió la mano,
y de allí me llevó mi dulce prenda,
que aquél era su nido y su morada.
¡Ay muerte arrebatada!
Por ti me estoy quejando                           345
al cielo y enojando
con importuno llanto al mundo todo:
tan desigual dolor no sufre modo.
No me podrán quitar el dolorido
sentir, si ya del todo                             350
primero no me quitan el sentido.

  

CONCEPTO 1-ESTANCIA-La estancia o estanza es una estrofa formada por versos endecasílabos y heptasílabos con rima generalmente consonante combinados a gusto del poeta. Tan sólo se requiere que en las composiciones formadas por estancias -canción (lírica), oda, égloga...- las restantes estrofas sigan el esquema de la primera. Difiere de la silva en que ésta carece de estructura estrófica.
CONCEPTO 2-ÉGLOGA-La égloga es un subgénero de la poesía lírica que se dialoga a veces como una pequeña pieza teatral en un acto. De tema amoroso, uno o varios pastores lo desarrollan contándolo en un ambiente campesino donde la naturaleza es paradisíaca y tiene un gran protagonismo la música. Como subgénero lírico se desarrolla a veces mediante un monólogo pastoril o, más frecuentemente, con un diálogo.

La égloga es una composición en la que el poeta, encarnado en uno o varios pastores, expresa su amor en un marco idealizado, lleno de belleza y amor.


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Acerca de laliteraturatesalva

En el centro mismo de la nada intentamos salvar almas a través de lo que mejor sabemos hacer los humanos-Contar, leer, escribir ,inventar ...historias,muchas historias .Eso nos salva, nos salvará siempre .Nuestra capacidad para imaginar e incluso crear otros mundos está unido a nosotros y es indivisible .Existe quizás para enterdernos, quizás para evadirnos, quizás para crecer, quizás para salvarnos, quizás para perdernos para siempre

Un comentario »

  1. […] llanto de dos hombres en las églogas (https://laliteraturatesalva2014.wordpress.com/2015/03/12/bach-egloga-i-garcilaso/ II)La huída de una mujer ante la posibilidad de ser herida por el amor con el soneto a DAFNE . […]

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